El veterano utillero del Primer Equipo de
la U. D. Vecindario, Francisco Domínguez “Paquito”, comenzó desde muy joven, a
la edad de 12 años, a jugar al fútbol en los equipos de la zona, el Juan
Grande, el Castillo, el Bolaño Morales (actual Cerruda). Jugó de exterior izquierdo, en el centro del
campo o de lateral izqdo., ya que su condición de ambidiestro (manejaba bien
las dos piernas), le acercó más a la banda izquierda. Acabó a los 23 años de
practicar este deporte, que más tarde retomaría en veteranos, donde jugó en
diferentes equipos de empresas del sureste. Formó su propio equipo de veteranos, el
Casa Pastores, del que recuerda, “lo
formé por mi cuenta, un equipo de aquí, del barrio, teníamos gente muy famosa
de la zona, como Camilo Sánchez, el Alcalde, el pobre ya fallecido, Marcial
Franco, Pedro Morales, Antonio Mederos…actualmente el Casa Pastores sigue con
la cadena, pero de nada que yo me retiré, desapareció el equipo de veteranos y
nadie ha querido llevarlo”. Estuvo tres años en la Directiva del Casa Pastores,
como Vicepresidente, al poco de dejar el veterano, “ahí me quemé demasiado, tuve que estar con las empresas reuniendo
dinero, equipajes, balones para toda la cadena, tuve que dejarlo”. Paquito, reconoce su pasión por el deporte
rey, “la afición mía es el fútbol, tanto
seguirlo por televisión, como verlos jugar. Sean juveniles, cadetes…lo que me
gusta a mi es el fútbol. Eso es lo principal”. Casado y con dos hijos, Ani
y Fran, familia de la que habla con muchísimo orgullo, reconoce que en casa, su
mujer, es una auténtica fanática del Vecindario, “si Juan Carlos es el número uno, mi mujer es la número dos. Ana Rosa
va siempre al campo con la peña a animar al equipo”. Con cincuenta y nueve años de edad, lleva
ocho en el Vecindario, Club en el que comenzó por casualidad, “mi hijo se vino a jugar a la cadena del
Vecindario, yo seguía al chiquillo, en los partidos, los entrenamientos. Un día
su entrenador hizo una reunión a ver si algún padre quería meterse de delegado
con él porque no tenía. Estaba el solo. Estuve tres años y pico de delegado con él. Un día me llamó el
Presidente desde Madrid, donde se encontraba viendo al primer equipo. Me dijo
que si quería estar en el equipo grande, que iba a estar mucho mejor y que
ganaría un dinerillo, le dije que no había que hablar más de eso, que me pasaba
al equipo grande. Entre una cosa y otra, llevo ocho años aquí. De delegado en
la cadena y de encargado de la ropa y utillero con el grande”. Ha viajado en todos los partidos con la
primera plantilla del Vecindario, salvo de la mitad de esta temporada en
adelante, que viaja un encuentro Paquito y uno el otro utillero, Antonio Álamo.
Se ha recorrido toda la Península, en las diferentes campañas del equipo, y ha
estado en una multitud de estadios de fútbol.
Tiene muchísimas anécdotas, entre las que destaca la siguiente: “El estadio que me ha dejado un poquillo
más de recuerdo es el de Valladolid, el año pasado, porque un jugador me pidió
otras botas cuando llevábamos quince minutos del primer tiempo y tuve que ir a
buscarlas al vestuario. Salí corriendo muy rápido y el público al verlo, se
levantó en pie a aplaudirme. Todo el mundo se levantó. Me dejaron con la boca
abierta ese día”. Por sus manos han
pasado las botas de muchísimos jugadores profesionales, ha visto desfilar a
veteranos y canteranos, gente que se ha consagrado y otros que enfilaban la
recta final de su carrera, tiene recuerdos de todos ellos, porque con todos
ellos se ha llevado bien. Cuenta una broma que hacía con los dos jugadores que
más años han estado cerca de él y a los que Paquito les tiene un afecto
especial, “Dorta lleva muchos años aquí,
me parece que cuatro o cinco temporadas. También Santi Lampón. Ellos dos me
decían que el día que yo me retirara, cogerían mi puesto aquí, tanto uno como
otro. Yo les decía: Dorta, Lampón vino una temporada antes que tú, le tocaría a
Lampón, y bromeábamos. Con todos me he llevado bien, hasta el compañero Xisco
que estuvo el año pasado aquí, esta temporada que vino el Deportivo “B”, me
mandó hasta una camiseta, con la que el está jugando en Primera División, con
el Deportivo de la Coruña. De todos tengo muy buenos recuerdos”. En cuanto a los entrenadores es sabedor
de que los cambios suelen ser más frecuentes y más rápido si los resultados no
acompañan, “los entrenadores van
cambiando. He tenido entrenadores que son caprichosos, pero porque te exija una
cosa o lo que sea, por eso no va a ser malo, porque unos exigen más que otros.
Ahí tenemos a Castro Santos que me pedía balones que vamos. Si había cincuenta
balones, había que sacar los cincuenta balones para un entrenamiento. Algunas
veces hasta 60. Muchos recuerdos así, que son cosas bonitas. Con todo el mundo
me he llevado bien”. Está contento con su
labor y con poder formar parte de un equipo tan importante en España como es el
Vecindario y todo lo que lo rodea, por lo que comenta, “a mi me gustaría seguir hasta que uno no pudiera”. Paquito aparcó hace unos años su
empresa de más de dieciocho años de antigüedad para dedicarse por entero al
equipo santaluceño que tan dentro lleva. Reconoce que le daba mucho más su negocio
que el fútbol, pero menciona, “yo
disfruto mucho más con esto, yo estoy en la caseta repartiendo la ropa y le doy
ánimo a los chicos, les animo a ganar, me gusta formar parte de esto. Si tengo
que volver a lo otro, tampoco se me caen los anillos”. Para la próxima campaña, como en todos
los equipos llena de incertidumbre, el veterano utillero, tiene unas premisas
muy claras y una ilusión de la que no quiere desprenderse, “si el equipo trabaja bien y hace una buena pretemporada, con la ayuda
de todo el mundo, podría hacer una buena campaña. Lo más que me gustaría a mi
es volver a ver a este equipo en Segunda, porque aquello fue muy bonito, el
ascenso que tuvimos contra Cartagena y Alicante, eso fue lo más bonito de todo.
Lo mejor que se ha vivido aquí es eso. Lo peor ha sido la desilusión cuando el
equipo bajó de 2ª B a 3ª División. Fue duro, pero tuvimos la suerte de que en
la siguiente temporada volvimos a la 2ª B, las crítcas y demás de la afición
fueron muy duras, pero el equipo volvió en el mismo año a Segunda División B”. La humildad de Paquito refleja la propia
de un Club lleno de ambiciones y ganas de hacer de nuevo historia en el fútbol
español. La esperanza del utillero por el regreso a la Segunda División, la
misma de una afición sabedora de que el equipo peleará de nuevo por los puestos
de cabeza. La inigualable marca de saber estar y veteranía que transmite “el
viejo”, como le llaman cariñosamente muchos de los jugadores de la plantilla,
hacen que su experta presencia y comentarios sean una acompasada compañía para
el equipo.